Rojo, sembrando afectos en el territorio
Rojo
sembrando afectos en el territorio
un gesto de Lucía Amaya.
Lucía Amaya, artista independiente, docente e investigadora de las artes escénicas, sus trabajos asumen diálogos expandidos y transdisciplinares. Hace parte del Colectivo de performance Acciones Periféricas (2008), plataforma de encuentro de artistas que investigan sobre formas de acercar el arte a la vida, encuentro de creaciones y activismo político. Docente en el Instituto Departamental de Bellas Artes. Propicia encuentros entre conocimiento y sabiduría, en relaciones multiespecies, Como artista independiente realiza intercambios mediante economía solidaria y participación colaborativa, en redes de apoyo mutuo y en relaciones horizontales.
Rojo recoge vibraciones y resonares con el continente americano como madre tierra roja en el sur diverso y plural. Explora y expresa sentipensares con los ecosistemas, la siembra y el alimento, generando encuentros, relaciones e intercambios. Desde una necesidad de escritura expandida propicia relaciones entre humanos y no humanos para inscribir en el territorio. El gesto ecosomático surge de la crisis económico-social durante el periodo especial de pandemia por el Covid 19 y el estallido social 28A 2021 en Cali. Busca hacer visible la inseguridad alimentaria, el desabastecimiento de alimentos, el hambre y la desigualdad social.
El monocultivo de la caña de azúcar al desplazar a los pequeños agricultores incentivó la importación y el consumo de productos básicos de la canasta familiar; a raíz de los bloqueos a las entradas de la ciudad, Cali quedó desabastecida de alimentos, es así como la solidaridad y el trabajo colaborativo acompañó y sostuvo la emergencia a través de las mingas, las ollas comunitarias y las huertas urbanas, dejando al descubierto la necesidad de hacernos cargo de la producción de alimentos tanto en el campo como en la ciudad, religando las relaciones urbano-rurales. Con una duración de 50 minutos, el recorrido inicia a la entrada de Bellas Artes, donde se instalan materiales activados durante el proceso de investigación-creación. Ascendiendo por el corazón de la institución se llega a la terraza, en el tercer piso; después de ser recibidos con cantos de pájaros y lluvia de plumas, invitan a mirar la Huerta Libertad en los jardines del primer piso, una canción waunana, alterna con sonidos vibrantes que resuenan con la arquitectura y el paisaje. Abandono el campanario de la iglesia de San Juan Berchmans, se entra en el dispositivo, recorriendo un laberinto hecho de plantas sagradas, aromáticas, florales , con ellas, allí se intercambian saberes y experiencias y se exhibe una compilación de paleografías que interconectan capas de tiempos y espacios. Desde un plano más elevado, como los pájaros, divisa el gesto y relata junto con la voz de su madre, un encuentro con otras presencias celestes para quienes también van dirigidas las inscripciones en el territorio.
El tomate, ombligo de agua, Abya Yala, se honra y se ofrece en varias de sus posibilidades como alimento y bebida, se intercambian aprendizajes, recetas y secretos con las mayoras sabedoras. En jardines móviles, la huerta se expande a habitar otros territorios; se reparten semillas de achiote para que sean sembradas en la tierra; con la canción waunana se cierra la performance.
Participan: Angela González, Camila Echavarría, Mateo Rose, Valeria Bernal, Julián Zambrano, Marcela Pinzón y Lucía Amaya como huerterxs. Dayra Restrepo y Cristina Gómez en lo sonoro. En la luz Miguel Potes. Colaboradores: Andrea Reyes, Oscar Obando, Doris Fontecha y Vanessa Córdoba. Fotos y vídeo: Juan Pablo Vela, Estefanía Preciado, Leo de la Parca, María del Mar Castro, Natalia Angel y Jorge Iván Arango. Con el apoyo de Bellas Artes, Vicerrectoría Académica y de Investigaciones y la Universidad Nacional y con la tutoría de la Maestra Alejandra Marín y el acompañamiento en la escritura de Adriana Urrea.
Fotos: Natalia Angel y María del Mar Castro
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