Postales a Clara

 

 

Navegar por la escritura Por: Lucía Amaya


He hecho escrituras efímeras a través de largos pensamientos, ahora hago reflexiones sobre Postales a Clara, a través de un tejido de sensaciones, huellas, registros, pensamientos.


Frente a este desertar, derivar, tomar distancia, desviar. En este desafío de despojos, invitada a reflexionar sobre ¿quién soy yo? ¿cómo hacer dramaturgia siendo cuerpo-territorio? ¿cuál es el teatro que hago en el presente? ¿cuál es el teatro que deberíamos hacer hoy?


¿cómo descolonizar el pensamiento?

¿qué tipo de exigencia obliga a ir más allá en la búsqueda de lo común?


Documentarse, tener claro que el macro modelo capitalista está omnipresente en cada comportamiento o rutina, ser parte de una minoría que escapa al sistema o puede darse el lujo de quebrar esquemas y estándares de mercado, en los que el diseño de los productos van dirigidos a una lectura precisa, no dan espacio para que los receptores vayan más allá de lo que los productores planificaron con anterioridad, tienen el control de la obra teatral, dirigen la percepción unidireccional. Al hacernos preguntas sobre el por qué somos tan violentos? Entra en cuestión la responsabilidad que tiene el teatro en esta contienda bipolar eterna. Cuando uno se detiene a pensar el teatro dialéctico, ubica dos fuerzas en pugna, contrarias, que se atacan por ser diferentes, con la tarea de negarse la una a la otra, mantenerse cerrados, fieles a su tradición, a espaldas de las emergencias que demandan los tiempos que cursan, negar al opuesto la oportunidad de ser diferente, de situarse como complemento, como diversidad. Por qué no aceptar que lxs otrxs plurales tienen derecho a tener una postura en el mundo, por qué el poder incentiva al individuo para que se constituya por fuera de la experiencia comunitaria?


¿Por qué si es tan sencillo no nos amamos y dejamos de hacer la guerra? Cuando unos cuantos teatristas desertan o se desvían al cine, a las artes visuales, a la literatura, a la inteligencia artificial, para seguir derivando, inédito, con el presente y con la historia, es cuando fluimos a contracorriente, en un estar situado y a su vez a distancia. Al correrse del lugar común, cómodo de las certezas, de lo establecido, de la tradición, se puede desujetar el traje y desnudar formas ocultas, olvidadas, secretas, revisar e interrogar los métodos, después de haber probado su eficacia para transmitir un punto de vista claro, códigos, símbolos, ideologías, para una lectura precisa, una acción dirigida al consumo de bienes y servicios.




Aventura.


La dramaturgia vista como tejido sigue habitando el radio de acción creativo singular y fue impregnando al entorno académico-laboral. Desde el Semillero de Investigación en Escrituras Performáticas que coordino a partir del 2021, nos planteamos proponer y desarrollar el Proyecto de investigación: “Postales. Dramaturgias experienciadas en el territorio”, en el que los participantes pudiesen vivenciar el curso y proceso de gestación, producción de escrituras y presentación ante pares académicos y/o público, teniendo la opción de involucrarse en todas las dramaturgias que componen un espectáculo teatral, desde la idea a la creación y hacia la recepción de ejercicios, gestos y obras.


Dentro del Laboratorio de investigación se asume la creación con rigor, lxs participantes de la experiencia creativa prueban posibles formas de escribir para la escena. Asumo el reto de hacer parte del equipo propositivo y a su vez creativo. Se abre el viaje a través de adoptar dispositivos de búsqueda creativa utilizados en las Artes Vivas, con el biografema propuesto por Roland Barthes: “una serie de destellos de sentido que conforman “una historia pulverizada” de un narrador, de un pintor, de un poeta”, es la herramienta con la que se abre el camino, así, en medio del caos, se inicia el viaje. El biografema, actúa de brújula. Deja huellas en la anotación, en el trazo fugaz, en la ficha que acompaña mientras se deriva, en el sonido que reverbera en los tímpanos mientras se transita, en las sensaciones que se inscriben en los cuerpos durante la experiencia vital.


La crisis de un teatro realista, mediado, nos atraviesa, confiamos en que esta condición de malestar nos llevará a que algo suceda, se ponen en movimiento las formas. Una vez realizados los ejercicios con el biografema, a través de la desclasificación de datos, el material residuo, se convierte en gesto continente cdel aventurar poéticamente el tema, atentxs a que los actores pierdan el control de los materiales escritos, para que emerjan otras potencias que den simiente al querer hacer de los creadores. Las palabras decantadas son la médula de la posterior indagación creativa, los escritos pasan de un participante-lector a otro participante-lector, quienes tachan o descartan palabras o frases, hasta quedar solo cinco palabras, huellas que potencian dramaturgias, otras.


Este procedimiento abre hacia senderos desconocidos, ante el vaciamiento de todos los posibles catalogados e incorporados en el repertorio previo, se piensa en formatos que puedan fragmentar las formas canónicas lineales, se proponen: postales, pasajes, instantes, listas, ritos de paso.


Revisamos procesos valiosos que desalienaron el teatro en la segunda mitad del siglo XX en Sur América, revisamos el Nuevo Teatro de Creación Colectiva y el Teatro del Oprimido, como sabíamos que caminábamos sobre un arte en transición, era necesario abandonar las certezas y preguntarnos: ¿cómo sortear dramatúrgicamente este momento? Ante esta pregunta, sobrevienen: agotamiento, crisis, catástrofe, que hacen urgente la necesidad de escribir horizontalmente sobre un fondo de indeterminación y de inclusión, pensando en que la percepción valide los acontecimientos, estudiamos: La estética de la recepción de José Sanchís Sinisterra y luego la Estética de la participación de Juan Pedro Enrile, el estudio valioso de transición que hace Adolfo Sánchez, documentos que nos llevan a comprender que hay que poner acento en la actividad libre del lector-receptor. Estudiamos también el porqué propuestas tan poderosas para transformar la sociedad habían tenido su esplendor y su ocaso, deberíamos llegar al meollo del asunto, así como la vida prepara para la muerte, operan en simultáneo, en esta relación de complementariedad, le apostamos a desplegar sobre la mesa las posibles herramientas para tomar las que cada uno creyera que eran las necesarias para abordar su trabajo estético en las escrituras escénicas.


Se convino en darle un tratamiento fragmentario, “Postales”, de por sí, esta palabra ya nos sitúa en formatos cortos, de expresión mixta, donde la imagen va a adquirir relevancia, traza bocetos, propone escrituras abiertas para un espectador activo, que establece conexiones y elecciones con lo que le entregan las dramaturgias del espectáculo. Próximos a los procedimientos utilizados por la Creación Colectiva del Teatro La Candelaria de Bogotá, siempre arriesgando a la renovación de una forma de abordar el hacer estético para que siempre esté en construcción. Fuimos tejiendo entre pliegues las palabras resultantes del biografema, confirmamos que no hay referencias próximas, que tenemos que inventarlas. La búsqueda va abriendo caminos hacia la entrega física, singular, de afectos y símbolos, emerge un autorepertorio de sí, consigo, con el otrx. Reincorporamos el autor al texto y le dimos libertades expresivas al cuerpo y al espacio físico, en atenta observancia y recepción de los procesos pasamos al autobiografema


El objeto de la investigación es la escritura expandida, escribimos derivando, en ejercicios de dramaturgias espontáneas que fueron propiciando búsquedas paralelas a la escritura textual, las que generaban preguntas. ¿Cómo poner el cuerpo en la escritura? ¿Cómo la luz propone y expande la escritura? Preguntas que a su vez abren a nuevas inquietudes expresivas escribiendo en simultáneo, dándose cita para apuntar al improviso. Los registros a través de fotos, vídeos, mensajes de voz, textos, bocetos, se constituyen en materiales valiosos para mantenernos conectados en las exploraciones.


A través de un ejercicio de escritura automática, donde se debía conectar mente-escritura, deberíamos hacer una lista de posibles puntos vitales o experiencias para dejar filtrar en la escritura, deseos, lecturas, una búsqueda libre en presente haciendo lo común, escribir.


La lista

mujer niña/desobediente/andrógina

padres ausentes/introspección/aplazamientos

ser cuerpo/territorio político

vivir con adultos/envejecer prematuro

¿por qué tener el pelo largo?/escritura sensorial

primer reloj/autocontrol/nueve años

distraída en clases aburridas/inadvertida

¿quién roba a quién? no temer a los castigos

machacón/ama su dedo chueco

asombros/imperfección/acuerpa memorias

mudanzas/volver a empezar/ventanear

el mar inmenso/el cielo infinito

escribir cartas/ser letra leída, leyéndose, por leerse

investigar/descubrir lo oculto, lo no dicho

sangrar/sentirse rota/llorar reprimido

grabar la voz, reproducirla, escucharse, eliminarla, evocarla

encerrarse en el closet/ser libre/no hacer nada/morir

jugar con la pelota roja/ser feliz en común

guerra de bombas/soberanos de la calle

escribir a pasos la ciudad/el territorio

morir teniendo la certeza de renacer


Las palabras residuos del autobiografema que guiaron la experiencia: magia, mujer, prematuro, eterno, puerta, liminal, luz, autoconocimiento, performance, jardín interior, gatos, cuerpo, cicatrices, relaciones, renacer. Después de la poda había que ir escuchando las resonancias que las palabras iban emanando.


Escritura collage autobiográfico


Llevamos revistas, libros y periódicos impresos, ya abrigaba la idea de escribir un encuentro ficcional, en Cali, con María Clara Borrero Caldas. Escribir contextualizando los recuerdos, expandiendo el territorio, imaginando espacialmente nuestros imaginarios. Ahora sería ella quien a partir de estos materiales y de manera automática, in situ, escribiría para mí. Una escritura a ser reconstruida, esparcida por todo el soporte, juntxs, en el suelo, tejíamos nuestros sentires, impregnando el collage de emociones, recuerdos, deseos, utopías, mientras narrábamos episodios de personajes y paisajes a explorar en la escritura, íbamos encontrando tesoros disparadores de ideas.


En ese momento recordaba una acción de subasta de libros de la que participé en un grupo de whatsaap, durante la pandemia del Covid 19, María Clara decidió junto con Oscar Campo, su esposo, salir de libros que no volverían a leer para aligerar la biblioteca y me incluyeron en la lista de participantes, ya habían hecho una subasta que me perdí por no estar pendiente, esta vez puse la alarma, conté con detalles como había ganado la colección completa de obras de Nietzsche; referir este relato tiene como objetivo volver sobre los gérmenes creativos de Postales a Clara, en este collage de frases sueltas está el primer granito de arena:


“Una tertulia a cielo abierto

un día cualquiera cruzarás el umbral

y volveremos…

habitamos juntas en un puñado de palabras

un juego que nos tomó varios días

fragmentos de noches oscuras esperando el alba

comparto contigo mi infinito devenir

en medio de las páginas pedacitos de mí

con símbolos y enigmas me reconstruirás

mira hacia afuera y continúa durmiendo

mírate y despertarás”.


Analizando estas palabras mapas de ruta, se van detonando las acciones estéticas: vaciarse-replegarse/colmarse-expandirse

consciente-inconsciente/acción-intuición

Pensé en la escritura constante que hace la respiración en todos los cuerpos, conecté con la meditación y dejé que el inconsciente se expresara en el collage.


Anna Caballé, en su contribución Figuras de la autobiografía (1987), se refiere a los autobiografemas como “aquellas circunstancias de la vida propia que”, cristalizadas en el texto, “alcanzan una significación relevante”. Estos temas biográficos, dentro de los cuales el autor-narrador moldea sus experiencias resucitadas, narran la vida de un sujeto (bios) y sus propias (autos) peculiaridades por medio de piezas elementales (grafemas) de episodios significativos de su existencia.


La decisión estaba tomada, trabajaría sobre posibles encuentros y desencuentros con María Clara, en episodios libres. Exploraba la ciudad desde la escritura, había una necesidad de hacer lo que hicimos de otra manera, de poner el cuerpo para apropiarnos de la ciudad, con pliegues y riesgos, en la ficción.


Un recorrido por la zona sur y centro tradicional de Cali, en la noche del 31 de Octubre, ocultas tras gafas y sombreros, de borondo por los bares, incógnitas entre paseantes. Era la oportunidad de probar una aproximación personal al vampiro, una práctica caníbal hecha leyenda en la ciudad y acentuar el gusto estético caleño por el vampirismo, podría resultar interesante una pincelada autorreferencial. Los bocetos retomaban el recorrido entre bares en alternancia con aconteceres actualizados de los diablitos, grupos de disfrazados bailarines y músicos ambulantes ejecutando ritmos urbanos que contagia el movimiento de los personajes típicos de las fanfarrias callejeras del Cali Viejo, como la muerte, el diablo, la culona, el lobo.


Después de probar la lectura dramática de un primer texto, recorriendo la ciudad y viendo libros sobre historias caleñas, quedaron grandes interrogantes, una sensación de superficialidad permite hacer un desvío, se propone un encuentro soma a soma que religue los lazos de amistad a través de las huellas dejadas por María Clara, con las que había documentado el proceso de enfermedad y destrucción de su cuerpo, en soledad, junto a un mínimo de amigxs y parientes, decidida a desaparecer con dignidad, cortando con la decrepitud, decidiendo hasta donde permitir llegar su deterioro, en un encuentro complejo consigo misma. Cortando también con el Teatro de la muerte, que envuelven las ceremonias en el ritual público de despedir el cuerpo. Cuando Maria Clara se da cuenta que tiene cáncer en estado avanzado de metástasis, centró todos sus esfuerzos en vencer la enfermedad acudiendo a todo tipo de terapias, con infructuosa sanación. María Clara provenía de un hogar de arquitectos urbanistas caleños, intelectuales, materialistas, docentes de la Universidad del Valle, dedicados al paisajismo y a las obras urbanísticas en Cali, diseñadores de la Ciudad Universitaria de Melendez construida por la Fundación Rokefeler y el Gobierno de Colombia, sede principal del claustro universitario, la que, recién inaugurada, sirve como villa olímpica para los Juegos Panamericanos de Cali, en 1971. Maria Clara a sus 55 años no había tenido la necesidad de pensarse que la vida es una preparación para la muerte. La medicina antroposófica y las terapias alternativas de cuidados y acompañamientos a procesos de enfermedad la llevan a encontrarse con tratamientos de arteterapia: color, forma, collage, biografía, como caminos para aceptar el paso del umbral de la muerte.


Construimos un acontecimiento escénico, tejiendo la explosión de luz y color con que Clara expresaba su relaciones con la enfermedad. Su cuerpo mapeado de cortes y suturas, inscripciones, huellas, sobreinscrituras, cartografías, imágenes, pasajes de vida, constituidas en “postales”, una escritura previa que viene a sumarse en el rizoma, a poner en cuestión la temporalidad y a destacar el equilibrio de los opuestos como protagonista en los collages.


Amigos, amigos del colegio, amigos de la U, amigos de la vida laboral, de los de antes y de los de ahora, amigos inesperados que nos regalon los viejos amigos, amigos del camino, de los caminos recorridos y de estos nuevos caminos que recorro con la enfermedad, gracias porque son mi más grande tesoro un regalo enorme que me dio la vida. Esta vida que realmente ha sido buena, he tenido maravillosos padres, tíos, tias, primos y sobre todo ustedes, esos hermanos que yo tuve la posibilidad de escoger o de que me escogieran para ser mis amigos, amigos para vivir y soñar juntos.

Desafortunadamente esta enfermedad no quiere darme más tiempo. Aunque yo, junto con todos ustedes, haya hecho lo que ha estado en mis manos, el cáncer me recuerda que está allí y que nada depende de mi, que él sigue su camino sin preguntarme, sin preguntarle a nadie. Sin embargo, si hay algo que yo puedo decidir, y es cuando arrebatarle este cuerpo que me envuelve, que me ha mermitido vivir y disfrutar junto a ustedes. Y esa es la decisión que quería contarles que he tomado, pero además, una que es supremamente dolorosa pero que les pido que por favor entiendan y me apoyen con tudo el amor que se que me tienen, no quiero ver a nadie, no quiero despedidas.

Les pido que, por favor, acompañen a Oscarito, esto no ha sido ni será fácil para él.

Yo los acompañaré, con la calidez del sol, con el rumor de viento, con la luz de las estrellas, con las olas del mar, en las hojas de los árboles que se mecen, allí donde hayamos reido o llorado, estaremos juntos.
Los quiero.💜💜💜

Nana, Adriana Ordoñez, los estará enterando de todo lo necesario en el momento preciso.”


En este mensaje grupal para sus amigos, percibí una conexión fugaz, una marca profunda, un destello emocional. Veo el mensaje de inmediato, cuando llega, no dudo en contestar: “respeto tu decisión, te quiero mucho”, de inmediato recibo como respuesta un emoticón con carita feliz. A los diez minutos ya corrían los mensajes anunciando que había muerto Ma Clara. Esta conexión en el instante o fugaz despedida, ha sido el faro que guía a trabajar alrededor de su muerte, de situarlo en este umbral, en este ritual de paso.


Ante toda esta red de afectos trazados, me preguntaba: ¿Cómo sostener un encuentro más allá de lo superficial, en la escena, con María Clara? ¿Cómo no contar una fábula entretenida, que todxs quieran ver? Estudio diversas formas de salir del lugar común.


El espacio permite que explore lo que más adelante será el encuentro entre Lucía y María Clara. El color blanco y negro del aforo que viste la sala alterna del Teatro La Concha, permitió jugar a conectar dos mundos, probamos con las preguntas plasmadas por Maria Clara en uno de sus collages. El espacio a oscuras y detrás de los aforos dos pequeñas luces se desplazan y terminan encontrándose para que la voz de María Clara, interpele a la audiencia con las siguientes preguntas (Borrero, Collages 2023):


¿Dónde está la sombra de un objeto apoyado contra la pared?



¿Dónde está la imagen de un espejo apoyado contra la noche?



¿Dónde está la vida de una criatura apoyada contra sí misma?



¿Dónde está el imperio de un hombre apoyado contra su muerte?



¿Dónde está la luz de un Dios apoyado contra la nada?



Tal vez en esos espacios sin espacio esté lo que buscamos



La IA nos permite aproximarnos la voz de María Clara para reproducir las preguntas con las que nos interpeló en los collages, la simulación de la voz se aproxima a su registro y cadencia, logra cierta similitud pero el timbre artificial está ahí, devela el artificio. Al ejercicio le viene bien porque el espectador percibe que está ante una re-creación de la realidad dentro del acontecimiento escénico. Se convierte en un elemento más de distanciamiento.


En el primer encuentro para el aprestamiento de la puesta en escena, se lee el texto con las actrices Gloria González y Sandra Vélez, no llegamos a acuerdos de tiempos y horarios con Sandra, entonces, asumí yo: Lucía Amaya, de mi misma. Es ahí justo, cuando el Teatro La Concha me otorga un estímulo para realizar una puesta en escena en su espacio: Nuevas Creaciones en el Cuarto de Jovita 2024, en la modalidad de larga trayectoria, decidí participar con Postales a Clara, porque justo la investigación estaba en curso allí, en coproducción con ellos, se aúnan esfuerzos, se convierte en un aliado para sacar adelante el proyecto, la estructura y disposición física de la casa teatro, sugiere dramaturgias espaciales en el proceso de escritura, buscábamos explorar espacios próximos, íntimos, expandir las demandas del viaje creativo a ese otro que mira, velar aspectos de acuerdo a la ubicación, destacar otros, un trabajo que pedía una entrega a la danza ritual, armar una coreografía de símbolos, ser tejedores de sentido, cuidadosos de lo vital emergente, se recomendó no aprender el texto de memoria, solo leerlo y guardar las imágenes sugerentes, confiando en el instinto y en el saber hacer, en las dramaturgias de las actrices, abriendo, sin imposición. Era claro que el texto no pretendía seguir determinaciones o acoger imposiciones, se anuncia como texto material, provocador de otras escrituras escénicas, a la escucha y al asombro de lo visual, a la expectativa de los destellos creativos iniciales, alisté una serie de objetos que podían ser detonadores de relaciones entre las dos presencias personajes. Siempre entregadxs a tejer propositivamente, entre actrices, sumado a los apuntes espaciales, a las sugerencias relacionales entre objetos, cuerpos, espacios, sonido, imágenes y la luz inyectando poesía visual. La actriz Gloria González sufre un accidente en escena y queda incapacitada, se cayó durante el ensayo al foso del teatro. Esto implicó redoblar esfuerzos para resolver, reemplazar a la actriz, fue un hecho revelador sobre el vacío generacional en Cali de actores y actrices en edad madura, se confirma que seguimos exportando talentos, finalmente logro hablar con Ana Carolina Arcila y ella acepta el reto de hacer la obra en una semana.


¿Cómo proponer un espacio poético que sea urdimbre contenedora de un tejido de narrativas para la puesta en escena de Postales a Clara?


Sabedores de la complejidad que el texto demandaba sobre la escena, al proponer un umbral o no lugar, se instauró un espacio de ruptura, imaginando un encuentro en el más allá, rompiendo las coordenadas de tiempo y espacio, cuidando la luz, el sonido, las formas, territorializando los cuerpos en el espacio. También implica construir imaginarios, reconstruir memorias, resolver poner los cuerpos, prepararlos para el encuentro en espacio real, en el ritual, con los espectadores/participantes.


Ante el desafío de ir al más allá, así como lo han hecho otros, como: Orfeo, Ulises, Dionisio, Yantías, Virgilio, Dante... se mira de frente el relato transitando estética y materialmente en espiral, espejando la frontera vida-muerte, siguiendo la brecha que conduce a Clara, para acudir a una cita posmortem, movida por el deseo de cruzar el umbral acuerpada, e hincar la cerviz con reverencia ante su presencia, en los archivos, en los afectos, en el contacto de energías. Busco estrechar un abrazo de despedida con Clara, expresarle mi gratitud por los intercambios almados en los encuentros, honrarle en esos presentes que ofrece la escena, reconocerla otra, expandida, en planos diferentes, celebrar el vínculo de amistad.


Tal como lo leyera en Piedras de agua, el libro de la actriz, Julia Varley (2007: 95), retomamos los materiales, la actividad autónoma de las actrices, las presencias que reescriben encuentros y desencuentros en la escena y la partitura de bocetos a partir de acciones no realistas, con lógica determinada, como la merkaba a partir de girar las actrices en sentidos opuestos, transformando la composición a través de la improvisación, hacia un “movimiento”sintético”: asociaciones, simultaneidades y desplazamientos adelante y atrás en el tiempo” (Varley 2997: 95). El material aportado por cada actriz, crea un marco personal.


La performance afina el tejido, han sido cuatro funciones donde hemos ido encontrando nuestra forma propia de narrar de tejer escrituras singulares entre creadores y público. A puertas de empezar esta nueva etapa de presentaciones ante público en el Teatro La Concha, 2025, seguiremos expandiendo la creación de manera colectiva. Probaremos el tejido de sonoridades móviles, envolventes. Transitamos la línea delgada entre vida y muerte, lo permitido y lo vedado, territorializamos nuestros cuerpos físicos y energéticos en la liminalidad que instaura la puesta en escena.


Bibliografía.


  • Caballé, Anna (1987). Figuras de la autobiografía.

  • Enrile, Juan Pedro (2016). Teatro Relacional. Una estética participativa de dimensión política. Editorial Fundamentos y las publicaciones de la RESAD dentro de su colección.

  • Varley, Julia (2007). Piedras de agua. Traducción de Ana Woolf. Editorial San Marcos. Lima.

 

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